lunes, 23 de octubre de 2017

Las cosas que perdimos en el fuego - Libro


Autora: Mariana Enriquez
Año: 2016
Páginas: 197
Editorial: Anagrama


Mi contacto con este libro fue de sorpresa: me lo regaló mi tía para mi cumpleaños, como dos meses después. No sabía nada del mismo, nadie me había comentado nada y solo tenía el título. Ni la contratapa leí.
Lo arranqué en un viaje a Piriápolis y me llevó un rato darme cuenta de dos cosas: la primera, que eran cuentos, cuentos que uno podría considerar “de terror”; la segunda, el impacto casi físico que me generaron algunos de esos cuentos, ya que mientas leía la sensación de incomodidad y alerta estaban ahí.
Capáz que el bamboleo del ómnibus ayudó en el momento, pero igualmente los relatos me siguieron impactando gratamente cuando los leí acostado o se los relataba a mi novia Ana.





El libro presenta 12 cuentos, 12 historias diferentes con diferentes protagonistas que viven ya sea en la poblada, sucia y, muchas veces, oscura Buenos Aires, o ya sea en otras Provincias de Argentina. La autora es argentina, y eso se distingue claramente en sus escenarios, en las costumbres y lenguaje de los personajes.
La mayoría de los relatos tiene como protagonistas a mujeres, desde niñas que juegan en casas abandonadas a mujeres adultas que luchan en su trabajo, su casa o con su matrimonio. Este predominio femenino también está en los problemas de sus protagonistas: el desamor, el cansancio de las relaciones, el abuso, tiene óptica de mujeres modernas. La mayoría de los hombres que aparecen como pareja tienen actitudes de incomprensión, estupidez o abuso.
Lo que se cuela en la vida de todos es un costado siniestro, a veces mágico, casi siempre inexplicable, que trastoca la aparente calma en la que viven. Algunas críticas hablan de “Realismo Mágico”, pero lo cierto es que sus personajes saben que las cosas que les pasan no deberían estar pasando; el problema es que tampoco pueden evitarlas.




Los relatos son en su mayoría cortos, directos, con un lenguaje rioplatense que no disfraza una “realidad sucia”. En muchos se puede ver, detrás del relato, que esa realidad es tan siniestra a veces como lo “sobrenatural” que se presenta: los años de la dictadura, las drogas, mujeres quemadas por sus parejas, asesinos seriales, la pobreza.

Personalmente, como siempre pasa con los libros de cuentos, algunos me llamaron más la atención y me llegaron más: “La casa de Adela” (que me dejó agitado y con los vellos de punta las dos veces que lo leí), “Los años intoxicados” (un relato salvaje sobre drogas, excesos, pobreza y juventud), “Bajo el agua negra” (cuento que dialoga con Lovercraft y su mitología, pero desde las villas-miseria) y “Las cosas que perdimos en el fuego” (la historia final, fuerte y vibrante, que hace una denuncia sobre la violencia de género desde la metáfora del título).

El libro me gustó bastante, varios de sus cuentos me llegaron y me inspiraron a escribir, además de que son de esas historias que uno puede leer y releer porque sabe que algo más hay atrás en la historia.



Recomendado para todos los fanáticos de lo sobrenatural, del terror y la literatura rioplatense en general.